Zarela : una novela feminista

138 LEONOR E. DE MENÉNDEZ de la joven, experimentaron ese miedo -cer- val del que vislumbra inevitable desgracia. Margarita era un peligro, una amenaza para el hogar. Caridad implo~ábaules i una voz íntima i persuwsiva respondió a este llama- miento ·diciéndoles: «La caridad bien ·enten- dida empieza por una misma.» AqueUos ojos de la recomendada no e- ran idóneos ' para el trabajo, estaban destina- d os a la fascinación; esas manos sedeñas e- ran adec'nadas para la caricia, no para el manejo de la aguja 'O la escoba. Por estas prolijas observaciones, con es- tudiado fingimiento i ·fingida cortesía, 'óerrá- ronse todas las puertas a la animosa trabajado- ra. Rendi'da de cansancio i tristemente de:. cepcionada torno a su hogar; no le quedaba otro recurso que ·coser, coser aquella burda costura de mE 'rca.do ·con ·la cual ,ganaría trein- ta céntimos en~ catorce o quince horas de ru- do i fatigoso trabajo! Margarita se puso en ejecución de su ar- dua tare'a salpicándola de lágrimas rebeldes, co- mo .protesta "silenciosa, pero el ocuente, ·de la pesima remuneración 'del trabajo de la mujer en el Perú. Mar'garita· ·va ella misma ·en pusca ' cl.e e- sa costura, la que terminada, lle-va a 'los 'di- versos lugares donde la recibió.. . '·' .

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