Zarela : una novela feminista

VIII rúbrica de todo,- hay que esforzarse por que la personalidad de la mujer afirme ~u desa- rrollo integral, a base de su independencia económica i sin que por ésto sufra ni el en- canto femenino ni Ja familia, aunque sí la loba de la sensualidad. I ésta es la que en el criollo, cuando no ahulla, enseña los devoradores dientes. Ahí está la explicación -no en que tengamos un ideal estético, como quiere Dora Mayer, que e~o nos asemejaría a los griegos- de aquella observación del sociologo Ross, qnien a pun- ta que en el Perú si se reuneu dos hombres el tema seguro de su charla ~on las mujeres. Miremos a través de tal predilección el cua- n ro social, i encontraremos muchas Luisas, muchas Soledades, muchas Hermengardas 1 muchas Margaritas i otros ejemplares feme- ninos que esperando están la pluma que los novele i que patentizan que también entre nosotros, como en otras partes es de desconsuelo la situación de innúmeras mu- jeres. El matrimonio no llega, i, si llAga, llega mal, i el fenómeno económico es des- piadado. El Código Civil, bajo el vetu~to concepto romano, muLi]a los derechos de Ja mujer, premuniendo en cambio a la avilan- tez masculina. I la ley de instrucción, si bien recarga la cabecita femenil con un• mo~ rión de cnrsos, carece del objetivo de armar a la mujer para la vida. Ob~ervad. Al na- tal anuncio de una hija, susp~ra el padre i una sombra pasa. pot su frente, i en ese sus- piro i esa sombra vibra la futura tragedia de la vida femenina, que es como vuelo de tór- tola en ámbito de gavilanes.

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