Zarela : una novela feminista
112 LEONOR E . DE MENÉNDEZ Soledad se le disipa el enojo bien, s1 no, can- taremos un himno a la libertad. En tanto Soledad llena de dolorosa ver- güenza refleccionaba en su triste situación; aquello era el colmo de la humillación, nÓ solo se le ultrajaba en la calle sino en el ho- gar. Vendada por la inocencia jamás creyó descubrir en la vida tanta miseria; adormi- da por sus ensueños de niña, sn despertar de mujer era insoportable i cruel. ¿Qué hacer? Ella que había renunciado a la dicha ¿deb1a inclinar sumisa la cerviz a la ignominía con la pasividad de una acémila? Soledad retorcía impotente la gruesa ca- dena con que estaba aprisionada, sin que S\ su imaginación acudiese una idea decorosa i salvadora que pudiera libertarla. Perdida su indi vidualidad i convertida en objeto de arte, comprado por su posee- dor del seno de la familia i del seno de u- na sociedad egoísta é intransigente, debía per- manecer allí, ocupando el puesto señalado en- tre los objetos de aquella casa, aunque el due- ño hastiado de ella, la menospreciase. No le quedaba mas recurso que apelar a la fé implorando resignación; era mujer i debía sufrir las consecuencias de su sexo, 1'a sociedad i el .código estaban e.a. contra su-
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