La Perricholi, t. 1
AtVARAoó TERESA.-Tiene razón Miquita, le debéis cantar señores. DOLORES.-¿ No sabéis cantar, don Francisco? DON FRANCISCO:-¿ Para vos? DOLORES.-¡ Oh, no me atrevería a pedirlo para mí! ¡ No lo merezco! DON FRANCISCO.-Lo merecéis sí y más por .vuestra modestia. Si doña Micaela deslumbra y enarde· ce como el sol, su merced es suave como la luna. DOLORES (Amartelada).-¡ Oh, qué galante es- táis! DON FRANCISCO.-Nunca supe decir estas co- sas ... os lo juro ... Pero empiezo a ver ... a despertar de una pesadilla. VOZ PRIMERA.-¡ Silencio! ¡Silencio! VOZ SEGUNDA.-¡ Qué cante Miquita ! MICAELA.-No me toca a mí sino a vosotros. Can~ tad "Acógenos sin tardar". (APLAUSOS.-CANTAN LA SERENATA ·••ACOJENOS SIN TARDAR..). Despierta mi niña hermosa, abre tus ojos radiantes ... (RESUENAN ENTUSIASTAS APLAUSOS Y SE ELEVA LA ALGARABJAJ. * * * LOCUTOR:· Y mientras los amigos de l\Iicaela hacen derroche de alegría y humorismo, exaltados por el exquisito pis- co del compadre Mansilla, el marqués de Villablanca, lle... vando en el cerebro un infierno de celos y de rabia, se di· rige a su palacio por las obscuras calles de la ciudad vi- rreynal. MARQUES.-¡ Maldita mujer! A lo que me ha con- ·ducido .la insensata pasión t1ue ,me ha infiltrado... Pero.,
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