La Perricholi, t. 1
52 M ·ARIA J • ALVARADO RIVERA VIRREY.-¡ Qué voz tan dulce tiene L.. ¡Toda ella es encantadora ! * * MARQUES.-Como vos dispongáis: sois la rema, nuestra. reina. VIRREY.-¡ El marqués de Villablanca !... ¡Es ver· dad que la pretende!... ¡Oh, cómo quisiera estar a su la- dü"!... Que supiera todo el mundo que- es mía, para que ~i.nguno . se atreviese a galantearla. • • •• MICAELA.-¡ Se ha movido la cortina! ¡ Qué im- p~udente !... Le he visto asomar la cabeza. . . ¿Si otra persona le hubiese sorprendido? ¡Señores, señores, pase- mos al comedor ... Pasemos al comedor. El ponche nos espera. . . Pasemos. MARQUES.-No olvidéis que espero vuestra peni- tencia. - - · · MICAELA.-Perded cuidado. que no lo olvido; pe- ro la expiación tiene que ser digna del pecado, y debo meditarla. . . Pasad, pasad señores. ·* * *' VIRREY.-El marqués no se desprende de su la· do. . . Se van todos. . . ¡Cómo me cambiara por cual- quier mozo! (BULLICIO. - PASOS). * * * · UNA VOZ DE MUJER.-¡ Qué brinde el marqués! TERESA.-A Vuestra Excelencia le toca el primer brindis.
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