La Perricholi, t. 1

LA P -E R R 1 C .H O L I 31 MICAELA.-No puedo prometer lo que no estoy segura de cumplir. Olvidadme, marqués. MARQUES.-No puedo ni quiero olvidaros~ Aun- que no lo creáis, tengo por vos una gran pasión, y a'un• que no lo queráis, habéis de ser mía. Al marqués de Villa Blanca no lo desprecia ninguna mujer~ Ya lo sabéis. Quedad con Dios. · (PASOS DEL MARQUES). ::·.::. · MICAELA.-No; nunca seré suya ... Hay en su mirada, en su voz, un no sé qué de dureza y maldad, que me da miedo ... No; no quiero ser su esclava, aunque me diera todo el oro del Perú. Mi amor será para el que res- pete mi libertad. . . Y él sería el amo. celoso y tirano. (Cambiando de expresión. Alegre y enérgica) No quie- ro pensar más en ese fatuo: ¡ Í1=-tera de mi cabeza, señor marqués de Villablanca ! (Ríe sonoramente). Y ahora a contemplar a _mi sabor el regalo. (Pasos acelerados. Abre el cajón). ¡Precioso!... ¡Regio!. .. ¡ Miquita, cómo te van a envidiar las marquesas apergaminadas, cuando te vean con es~as joyas! (PASOS.-GOLPECITOS EN LA PUERTA). DOLORES.-¿ Estás sola? MICAELA.-Sí, entra ... Pero, ¡qué loca soy! ... ¡Voy a llegar tarde al teatro! r50LORES.-¡ Jesús, prima, pareces un torbellino!... MICAELA.-¡ La mantilla ... presto ... presto ... ! ¡Por Dios, que llego tarde! ¡Ese fatuo de marqués que h . d 1 . ' M ' . M ' -· ' me izo per er e tiempo .... ¡ . on1ca. . . on1ca .... MONICA.-Mi amita, aquí no ma estoy.

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