La Perricholi, t. 1
30 MARI A J . ALVARADO RIVERA MICAELA.-Quizá acertéis. MARQUES (Colérico).-¿ Por eso me rechazáis? MICAELA.-Quizás. MARQUES.-¿ Os burláis de mí? MICAELA.-¡ Líbreme Dios de tal desacato a su Excelencia! MARQUES.-No excitéis mi cólera: podría seros funesta. MICAELA.-¡ Parece mentira! ... ¡Cómo se portan con las damas los caballeros de hoy! MARQUES.-¡ Micaela, me estáis insultando r· MICAELA.-Es la piedra de vuestra amenaza que rebota contra Vuestra Excelencia. MARQUES.-Vuestro desdén me enceguece ... ¿Por qué me rechazáis? MICAELA.-Ya os lo he dicho: porque para entre• ·gar mi libertad a un hombre, necesito amarlo, y para amarlo, necesito estar convencida de su pasión. MARQUES.-Pero si yo os amo. MICAELA.-Sois demasiado arrogante para amar a una comedianta, y, para ser el capricho _de un gran se- ñor, aunque plebeya, tengo mi orgullo, señor marqués. MARQUES.-¿ Qué pruebas queréis de amor? MICAELA.-Pues ... ¿se puede pedir que br_ille el sol en la noche? MARQUES (Colérico).-· ¡Es demasiado! No me hu- millaré más implorando vuestro amor ... ¡Yo, un mar- qués de Villablanca !... Empero, tened presente que no olvido desprecios, _ y que si sé amar y ofrecer a una mtf..., jer todas mis riquezas, también sabré castigar la injuria de su desdén. MICAELA (Burlona).-¡ Fino y dulce es· el galán! MARQUES.-Vos encendéis mi cólera. MICAELA.-Perdonad entonces mi culpa. MARQUES (Aplacado).-¿ Me dáis una esperanza?
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