La Perricholi, t. 1

28 MARI A J . ALVARADO RIVERA gran importancia) Bella ñusta, os he buscado todo el día: en la iglesia, en el teatro, en vuestra casa. - . MICAELA.-Pues aquí me tenéis. ¿Qué deseáis? MARQUES.-Ya sabéis que vuestras gracias han- me enloquecido. Que no encuentro tranquilidad desde que os vi, y que por recobrarla pondré a vuestros pies todo el oro que queráis. MICAELA.-Aunque soy la plebeya Micaela Ville- gas, la humilde comedianta, y vos el marqués de Villa.. Blanca, grande de España·, no me vendo, Excelencia. MARQUES.-¡ Oh! no os ofendáis ... Perdonadme si he dicho algo que pudiera heriros: yo no pretendo compraros; quiero que me améis como yo os amo. -MICAELA.-No es amor lo que sentís por mí, marqt.Jés. . Bien lo sé. . MARQUES.-Vos sois quien me ofendéis deveras al dudar de mi palabra: un marqués de VillaBlanca, no miente ni aun a una mujer. MICAELA.-Ni aun a una mujer, decís, como si fuéramos seres despreciables, con quienes estuvieráis disp·ensados de las leyes del honor . . MARQUES.-¿ Eso habéis aprendido ert el teatro? MICAELA.-Sí, en el teatro que es escuela de bue- na enseñanza. MARQUES.-(Colérico) El teatro es sólo escuela de perdició11: es deshonra para la mujer, y al amaros, co• mo os amo en verdad, quiero ·que dejéis las tablas y .vr- váis sólo para mí. . . Además, · no tendréis ya necesidad de trabajar, pues con mi amor o_s daré fortuna y podréis vivir -como una princesa, como una hermosa· ñusta que sois. (Dijo la últimas palabras suavizando la voz). MICAELA.-Pues entonces, .marqués, y eon mayor motivo que antes, tocad a otra puerta, que Micaela Ville- gas jamás dejará el teatro. MARQUES.-Reflexionad con juicio: . ved que el

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