La Perricholi, t. 1

LA P E R R . I C H O L I DOLORES.-¿ Qué no saben amar?... ¿No saben?... No digas eso. MICAELA.-Lo repito: no saben amar. Capricho, vanidad, nad_a más. ¿Desean hacer suya a una mujer? Pues en cuanto lo consiguen, la desprecian. ¡Eso es el amor ele los hombres! . DOLORES.-No los calumnies, prima. Bien saben querer cuando de veras se enamoran ... ¡Ay, Dios mío!... y qué dulce debe ser el amor! ... · No me explico como tú que lo sabes, hablas así. . . Dios me perdone! MICAELA.-Porque lo sé es que hablo: su amor es puro cohete: ·prende; revienta, y ... humo qu~ se lleva el viento. DOLORES.-Con esas ideas pierdes la ocasión de ser feliz, tú que tienes tantos galanes. . . ¡Si yo tuviera tu cara!. . . ¡Dios me perdone!. . . Pero siento que he nacido para amar. _ MICAELA.-Pues a mí los galanes me tienen hos- tigada ... _Pero, dejemos a los amantes, vivos, difuntos y por nacer. Mónica. . . Mónica. MONICA.·--Jesú, mi amita, ¿ pa qué maltratar su gargantita gritandp tanto, si yo oyería a mi niña aunque tuviera finaa, y veniría al güelo, como el gamo. MICAELA.-Si el gamo no vuela, negra. No digas disparates. MONICA.-Güela sobre la tierra, pue, mi amita, como la águila güela en el aire. MICAELA;-Traeme . el laúd, negra, que voy a en• sayar. MONICA.-¿Va ·a cantar mi niñita? ¡Ay, qué gus- to!. . . ¡Cuando la oigo cantar ni ar cielo iría! MICAELA.-Calla, negra, no digas herejías, que la Santa Inquisición hace tiempo no celebra un auto de fe, y si te oyera... · MONICA.-¡Jesú, María y José! ... No diga· eso, niña, que me caigo muerta de susto.

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