La Perricholi, t. 1
iA PERR cf!61 199 DON ANTONIO.-Calmaos, Félix... El muchacho no es culpable... A ver, gandul, ¿cuánto cuestan esos pa- peluchos asquerosos? VENDEDOR-Cinco pesos, señor. DON ANTONIO.-Pues toma media onza. Guár- date el resto, y no vuelvas a sacar a vender nada contra doña Micaela, porque te haré tomar preso y trabajar seis meses en una panadería... ¡No lo olvides! •• • • LOCUTOR: Y la buena prima Dolores, y el noble hidalgo don . Francisco, acudieron presurosos a casa de Micaela. . DOLORES (Dando un grito cariñoso).-¡ Prima!... . ¡ Miquita querida! MI QUITA.-¡ Dolores!... ¡Qué señorona te has pues- to! <BESOS SONOROS). DON FRANCISCO.-¡No va a quedar nada para . mí, doña Micaela ! MIQUITA.-¡ Sí, don Francisco, un abra.zo , así, bien apretado! DOLORES.-¡ Tía Teresa! ¡Qué bien estáis: los años no han pasado por vos! DOÑA TERESA.-¡ Por tí, por tí, picarona, es que no pasan! DON FRANCISCO.-No pasan los años por ella porque yo sólo soy el que llevo la cruz, doña Teresa. TERESA.-¡ Qué mi compadre: siempre con sus gracias! DOLORES.-¡ Qué alegría, Miquita, volver a ver• te!... Aquí tienes a mis hijos: Panchito, Miquita, Manue- lito, Rosa...
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