La Perricholi, t. 1
. 186 M A R I A J . A L V A R A D O R I V E R A MANUELITO (Siete años).-Mamita, esos señores os están saludando. MICAELA.-Deja que se les rompa la cerviz hacién- dome venias. · MANUELITO.-¿ No les contestáis? MICAELA.-No lo merecen: que rabie11. * * * LOCUTOR: Y después de haber hecho humillar a la altiva noble- za; de excitar envidias y odios, ordenó al lacayo que ca- balgaba al lado del estribo, que mandara al cochero diri- girse al centro. MANUELITO.-¿ Vamos a Palacio, mamita? MICAELA.-Sí, mi vida, pero daremos antes un pa- seo por el centro. (SUENA LA CAMPANILLA DEL VIATICO>. MANUELITO.-El Santísimo, mamita. LACAYO.-Señora doña Micaela, Nuestro Amo Sa• cramentado. MICAELA.-Que paren los caballos. -LACAYO.-Sí, señora. Cochero, ordena la seño-. ra .que pares. <PARA LA CARROZA). MICAELA (Conmovida).-¡ Oh, el sacerdote que lle- va la divina custodia, es un anciano!... Apenas puede ca- minar sobre el empedrado... ¡Dios mío!... ¡Y yo en esta calesa tan rica!... ¡Abre, abre Melchor la portezuela! MELCHOR.-Estáis servida, señora. MANUELITO:-¿Vamos a bajar, marnita? MICAELA.-Sí, hijito. Baja... ven conmigo, dame la manito.
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