La Perricholi, t. 1
MIQUITA.-¿ Para eso queréis sentaros a mi mesa? CONDE DE .OTERO.-Perdonad: pero ¿quién po- drá cometer el desacato de no rendiros pleitesía? MOZO.-¿ Qué os sirvo, señora? MIQUITA.-Café, vainillas ... ¿Qué tomáis, conde? CONDE DE OTERO.-Lo mismo que vos. ¡Cuán honrado me siento con vuestra invitación! MIQUITA.-Café y bizcochos para el señor conde. _Para el ama una jícara de chocolate... Pero, Ramona, ¿qué haces por allá? V en, siéntate aquí. RAMONA.-¿Aquí, mi ama? ¿En vuestra mesa? MIQUITA.-Sí, como s·iempre. RAMONA.-Como estabáis con el señor conde... no sabía... MIQUITA (Festiva).-Mi guagua siempre tiene que estar a mi lado, y como tú la llevas, también tú junto a mí. CONDE DE OTERO.-¡ Qué hermoso niño! MIQUITA (Dulcísima).-¿ Verdad lo encontráis hermoso? CONDE DE OTERO.-¡ Como hijo de tal madre! MIQUITA '(Amante).-¡ Mi tesoro! Y él¿ qué toma.. rá ?.;. Mirad los ojazos con que observa todo. (RUIDO DE TAZAS). ·1\11020.-Perdonad, señora. Aquí tenéis el café y los · \ .. bizcochos ... En seguida traigo el chocolate para el ama. CONDE DE OTERO (En voz baja).-Por la dicha de hablaros, me expongo a un grave peligro. MIQUITA (Coqueta).-¿ Peligro decís? No sé cual pueda ser. CONDE DE OTERO.-El Virrey no me perdona- · rá. Y a sus espías trie habrán echado la vista encima. MIQUITA .(Con desprecio).-El Virrey no tiene porque intervenir en mi vida. CONDE DE OTERO.-Pero, ¿de veras os separáis de él?
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