La Perricholi, t. 1
________L_A__P E R R I C H Q L I 141 CONDE DE OTERO.-Tanto como eso, no, mar- qués: escucha con agrado mis galanteos, se amartela, hasta me hace entrever esperanzas... Mas, en cuanto a concederme una cita, como vos deseáis, se resiste aún. MARQUES.-Es lo esencial. Ninguna importancia tienen para nosotros vuestros platónicos galanteos. Lo que necesitamos es la prueba evidente de su infidelidad al vejete: sorprenderla infraganti. CONDE DE OTERO.-Pero en esa prueba me va la honra, y quizá hasta la vida... Marqués, pensad en lo que me pedís. , MARQUES (Con dureza).-Y la generosidad que ha tenido vuestra hermana de salvaros de la ignominia, a costa de su fortuna, ¿no vale una indemnización vues- tra, prestándole la ayuda que hoy necesita de vos? CONDE DE OTERO.-Vivo muy reconocido a mi hermana, marqués; pero comprended que lo que me pe- dís es un sacrificio que excede a toda ponderación: la venganza del Virrey será terrible, por lo mismo que aca• ba de favorecerme con un empleo a pedido de ella, de la Perricholi. MARQUES.-Cuidáis el empleo que jamás debíais de haber aceptado de tal mujer. CONDE DE OTER.0.-Es muy hermoso poder sos- tener el orgullo de nuestra estirpe, cuando se tiene un patrimonio como el vuestro; pero cuando se ha perdido, cuando se linda ya con la miseria, y se acude a los de nues- tra condición para que nos salve, y no se encuentra sino indiferencia en los unos, y alegría perversa de nuestra caída, en los otros, y es una persona de baja cuna la que nos tiende la mano generosa, entonces, marqués, no se puede tener la altivez de rechazar la salvación porque nos viene de manos plebeyas. MARQUES.-¿ Y a qué conduce toda esa verbosi- dad?. ¿Aceptáis? ¿ Si o no? CONDE DE OTERO.-Yo no rehuso ayudaros; pero ya veis el riesgo que corro.
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