La Perricholi, t. 1
L.A ~E 1l n te H o t. i VIRREY.-Pero ¿todavía me guardas rencor, Mi- quita, por esa tontería? MIQUITA.-¿Tontería la llamas y me pone en ri· ?íc?lo? Haz hecho que me confirmen con un apodo in., JUrlOSO. VIRREY.-¿ Qué apodo es ese? MIQUITA (Furiosa).-¿No lo sabes? VIRREY.-No; no lo sé. MIQUITA (Con rabia).-Perricholi me dijiste el otro día; perricholi me llama hoy toda la nobleza... Y ellas ... Ellas, las damas orgullosas, están satisfechas de poder humillarme así. VIRREY.-Pero, Miquita, sosiégate, no es para tan- to... Exageras... MIQUITA.-Sí, como tú estás siempre sobre el pe- destal, y yo poco te importo. VIRREY.-¿ Qué no me importas? MIQUITA.-¡ Me vengaré! ¡Sí, me vengaré de es- ta afrenta que me has hecho, dando lugar a que me hu- mille esa chusma ensoberbecida con sus pergaminos! VIRREY.-Vamos, mi ñusta adorada, sosiég?-te que va a hacerte daño la cólera. MIQUITA.-¡ Sí, estoy ardiendo!... ¡Estoy envene• nada!... Dame agua. VIRREY.-Voy a servirte; pero cálmate. (Pasos del Virrey). - (Entre dientes).¡ Reiz, no hay agua! (Al- to). Miquita, ¿no te hará daño el agua, así acalentur.ada como estás? MIQUITA (Impaciente).-¡ Quien me hace daño, eres tú!.. Me la serviré yo. <PASOS PRECIPITADOS DE MIOUITA>. VIRREY.-No hay ep el cántaro. MIQUITA (Imperativa).-Ve a traerla de la fuente de la plaza. VIRREY.-Voy a mandar a un criado,
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