La Perricholi, t. 1
132 M A R 1 A J • A L V A R A D O . R 1 V E R A FELIX.-Vamos, madre, no hagáis cargos a Miqui- ta. ¿No veis cómo la hacéis sufrir? MIQUITA.-(Deja escapar un sollozo). TERESA.-No, por Dios, mi hijita... Yo no quiero hacerte mal... Ya no tiene remedio ... ¿qué vamos a hacer? Yo habría querido más honra para tí ante el mundo ... P:- ro, ¡te quiero lo mismo! Para una madre siempre sus hi- jas son honradas... ¡Bendita seas, hija mía! (LA BESA). <PASOS DE TERESA QUE SE ALEJA). MIQUITA (Con vehemencia).-¡Tú sabes, Félix, porque lo hice: fué por vosotros, más que por mí... por sacaros de la miseria ! FELIX.-Me consta, me consta, herm·ana, como que buenas hambrunas sufríamos. Nada menos que el día que mamita consintió que salieras a las tablas, no había- mos comido nada, nadita, hasta que llegó Maza lleván'"' dome bizcochos, y a mamita chocolate... ¡Ay, nunca ol- vidaré esos bizcochos!... ¡Me supieron a gloria! MIQUITA.-Si mamüa pensara come;> tú, qué feli- ces seríamos; pero ella siempre con la honra, y la honra. FELIX.-Mira, Miquita, yo trato de. calmar a mi madre; pero la verdad es que tiene razón: le dicen a uno cosas que dan ganas de desgranar los dientes de muchas mandíbulas, y como no se puede, hay que hacerse el sor• do unas veces; y otras, siempre que es posible, sacar al sol los trapillos de los demás. MIQUITA.-¡ Eso... eso! ¡Todos tienen cola de paja, y hay que quemársela! ¡Todos tienen tejado de vidrio, y hay que rompérselo!. .. ¡Gua! ¡Qué lisura que sólo a una la "corten", porque trabaja en el teatro!_ FELIX.-Además, yo me digo para soportar: esto pasará presto, en cuanto haga un buen negocio, Miquita no tendrá necesidad de otra ayuda que de la mía. Yo la sostendré con el lujo que merece, y el mundo olvidará lo que ahora recrimina, y la colmará de adulaciones. MIQUITA.-¿ Tienes en mira algún negocio?
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