La Perricholi, t. 1
LA PERRICHOLI 131 LOCUTOR: En casa de Micaela, también la envidia levanta tem- pestades ... TERESA (Llorosa).-Es una vergüenza, una ver• gvenza, hija... una vergüenza... Nunca creí que tuviera que beber tanto acíbar. .. Lee este anónimo. MIQUITA (Nerviosa).-¿ Y por ese papelucho in- mundo, os ponéis así-? ¿No comprendéis que los devora la envidia?... Sí, ellas, sólo por envidia lo hacen, porque quisieran estar en mi lugar. .. Y ellos, por despecho: por- que no acepto sus galanteos. TERESA.-¡ Pero nuestra honra, Miq~ita, nuestra honra está por los suelos! MIQUITA (Enternecida).-Creedme, madre, no sufráis por esos canallas. TERESA.-Sí, ellos son ·unos canallas; pero la ver- dad es que una gran verg_cenza. ha caído sobre la fami- lia. <PASOS). FELIX.-¿ Qué es una vergüenza? Vamos, madre, no mortifiquéis a Miquita... ¿Quién tiene derecho a juz- gar su vida? Que cada uno mire la suya, que bastante suciedad tienen todos. TERESA.-Nuestra propia honra, hijo, está man• chada... La honra de nuestra familia. MIQUITA.-¿ Y soy yo la culpable de lo qne pasa? ¿Era justo que estuviéramos siempre en la miseria? ¿Qué soportara que vos, mi madre, carecieseis de todo? ¿Ade- más, ya sabéis que Manuel me ha ofrecido hacerme su esposa. ·TERESA.-Promesa... bella promesa que no se cum- ple jamás. FELIX.-No podemos culpar al Virrey, madre: bien sabéis que hay razones poderosas que le impiden cumplir, por ahora. MIQUITA.-Es verdad: no lo podemos culpar. TERESA.-Mejor hubiera sido la miseria, hija.
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