La Perricholi, t. 1
.i. A P :e R tt 1 c .li o i. í MARQUES.-A la verdad que nunca pensé en tal matrimonio, ni creo que vos tampoco. MARQUESA.-No... yo tampoco: pero... el destino... MARQUES (Ríe nervioso).-¡Vuestro prometido!... ¡Vuestro prometido por voluntad del viejo y celoso Vi- rrey! · · MARQUESA (Picada).-Si tanto os desagrada, no .se realiza el matrimonio: creo que el Virrey no llegará hasta hacernos ir con los alguaciles, a la Iglesia. MARQUES.-Entendedme: mi indignación es por la arbitrariedad del Virrey, no por la persona que m~ ha designado para e 1 sposa... MARQUESA.-Sin saberlo ha hecho más firme nuestra unión para vengarnos de sus agravios. MARQUES (Con ira reconcentrada).-¡ Sí, nos une más para que nuestra venganza sea más terrible!... Escu- chad: (Con misterio). Es preciso que corra la voz de que la Micaela es el mismo demonio, que ha trastornado al Virrey hasta el extremo de... MARQUESA (Impaciente).-¿ De qué? MARQUES (Con vacilación).-Es muy grave ... Yo no aseguro... repito lo que se dice; pero os encargo el ma- yor secreto... Podríamos vernos en duro trance. MARQUESA.-Pero, ¿qué es? Decidlo. MARQUES.-Corren las voces de que el Virrey conspira para independizar el Perú de España; y coro- narse Rey de estas tierras. MARQUESA.-¡ Qué abominable traición, digna de la ambiciosa mestiza!... MARQUES.-¡ Chis!, que las paredes tienen oídos, y pueden irnos la honra y la vida en ello! MARQUESA (Con vehemencia contenida).-¡ El cielo o el infierno nos unen para perpetrar vuestra ven- ganza! MARQUES.-¡ Callad, se acercan el Alcalde con la Micaela, y doña Engracia de Sifuentes. • • •
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