La Perricholi, t. 1

' . Ha MAl\L~. ' r . habrá presto un vínculo más que nos una, en el niño que va a nacer? VIRREY (Humilde).-Perdona, _,,. Miquita... ·Marcho ya a la vejez, en cambio tú estás cada día más hermosa... MIQUITA.-Deja las ternezas para otra ocasión. Ahora estoy que ardo de cólera. JORNADA DECIMA LOCUTOR: En un suntuoso gabinete de Palacio, mientras la no• bleza que ha acudido a felicitar al Virrey por su cumple- años, se disemina en salones, galerías y jardines, Micae- la Villegas impone su voluntad al temido gobernante. VIRREY.-¿ Por qué estás con cólera, Miquita? ¿No te doy la prueba mejor de arnor abriéndote las puer- tas de Palacio para que alternes con la nobleza? MIQUITA.-Pero las damas de esa nobleza que te rodea, me desprecian, me humillan, y yo quiero que les hagas saber que me estimas .sobre todas ellas. VIRREY.-¿ Qué mayor prueba de estimación pue- do ofrecerte que las que te tengo dadas? MIQUITA.-Quiero, en primer lugar, que me des un empleo de importancia para el Conde de Otero. VIRREY (Estupefacto).-¿ Para el Conde de Ote- ro? MIQUITA.-Sí, por lo mismo que la nobleza le cen- sura; que su hermana reniega de él, yo quiero hacerles comprender que tengo bastante poder para salvar a quien la nobleza de Castilla condena. VIRREY.-¿ Me juras que es sólo por eso? MIQUITA.-Sí, te lo juro por nuestro hijo. VIRREY.-Será lo que quieras, mi ñusta tirana. MIQUITA.-Ahora quiero que no asistas a la ce•

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