La Perricholi, t. 1
LA PERRICHOLI io7 MARQUESA.-Como sólo ·podía creer que no os interesaba la chola, dándole pruebas de que amabáis a otra... ¡Qué vergl:'enza, marqués! MARQUES (Sarcástico).-¡Ah! Ahora si adivino el resto ¿le dijisteis que os amaba a vos? MARQUESA.-Fué un ardid necesario, bien sabe Dios cuanto me costó... No le dije precisamente que me amabáis, sino que habían proyectos antiguos de nuestras familias ... pero que nosotros, vos y yo, no resolvíamos ... MARQUES (Algo irónico).-En una palabra: ¿ven- go como vuestro prometido? MARQUESA.-Era el único medio para arrancar al viejo el consentimiento de vuestro retorno. Si no os parece bien... MARQUES.-Gracias, marquesa, por vuestro em- peño; pero á la verdad, que jamás pensé que al volver a Lima, os tendría por prometida. MARQUESA (Picada).-Yo os informé sólo para que sepáis como habéis de hablar en vuestra visita al Vi- rrey; en cuanto a mí no me interesa el asunto, ni me creo ligada a vos por ningún compromiso. Lo hice sólo en vuestro obsequio... MARQUES.-Os repito mi agradecimiento y pase- mos a otro punto. (En voz baja). ¿Habéis mandado otra carta a la corte sobre la vida licenciosa del viejo? MARQUESA.-Una y otra... y también sobre lo que llena su escarcela, en desmedro del real tesoro. MARQUES.--¡Valéis un Per(t! MARQUESA (Con coquetería).-¿ Pero no por el argumento empleado para haceros venir? MARQUES.-¿ Si lo creisteis necesario? MARQUESA.-Indispensable, y tan eficaz, que ya veis, estáis conversando conmigo, lo que no habríais po- dido hacer, seguramente, hasta que fuera sustituído el viejo catalán. * * *
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