La Perricholi, t. 1

LA PER .Íi CHOL .i 1ó3 TAMALERO (Furioso).-Negra deslenguada, ·yo te voy a dar cantitos. TIZANERA.-Y yo también se las tengo que arre- glar a esta negra insolente, que se olvida de quién es. TRINIDAD (Humilde).-Pero si yo no los he ofen- dido. . . Así dice el canto. . . No es cosa mía ... (VOCES, BISAS DE ALGUNOS TBANSEUNTESJ. UNA VOZ.-Mirad: van a tirarse las pasas; los ne- gros tienen razón... La Trinidad es una negra descarada. OTRA VOZ.-Si la pobre no ha hecho sino cantar. TAMALERO.-¡Toma para que te burles de mí otra vez! TRINIDAD.-¡ Virgen Santísima, sálvame! ¡Y la bolsa que me la pueden robar! ¡Jesús,. María y José! TIZANERA.-¡ Abajo la canasta! TAMALERO.-¡Ah! ¡Ya la soltará! TRINIDAD (Para sí).-¡Ah! ¡Ahí viene doña Mi- caela !... ¡Es mi salvación! (Da un grito). ¡Amita, amita, socorro! ¡Me matan! MICAELA.-¿ Qué pasa? ¡Goyo ! ¡Asunción! ¿Por qué le pegáis a la pobre negra? T AMALERO.-Iba a arrancarle las pasas pa que fuera más medía en sus palabras. MICAELA.-Pero hombre, no está bien que mal- trates a una mujer. GOYO.-¡ Mujer de lengua de víbora, mi ama! Só- lo por respeto a su Merced la dejo. TIZANERA.-Yo iba a romperle el porongo en la mollera; pero su Merced la defiende, y obedezco, mi ami- ta. . . ¡Es muy atrevida esta muchacha! Se olvida que tiene el pellejo negro como nosotros, y nos hace burla! MICAELA.-¡ Calma! ¡Calma! No hay que tenerse odio, ni entre negros, ni entre blancos y negros ... To- dos somos hijos de Dios. . . Y a todo acabó. Queden en paz y no vuelvan -a pelear más. Goyo, deja en casa seis

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