La Perricholi, t. 1
MARI A J . ALVARAt>ó RIVERA DON FRANCISCO.-¡ Ay!, no es respuesta. Con- . testad: ¿sí o no? DOLORES.-¡ Ay, qué trance, don Francisco! DON FRANCISCO.-¿ Por qué trance? ¡El caso es llano! DOLORES.-¡Ay, tan presto! DON FRANCISCO.-Sois ingenua y tímida como tt'na paloma. ¿Queréis que yo lo arregle todo? DOLORES.-¿ Cómo? DON FRANCISCO.-¡ Así! <SUENA .UN BESO). DOLORES.-(Da un grito). * * * .(PASOS>. MICAELA.-¿ Qué pasa? DOLORES.-¡ Ay, Miquita ! ¿Tú? ¡Qué vergüenza! ¡Qué susto! l\1ICAELA.-¿ Qué te asustó? DOLORES (Balbuciente).-¡ Creí que era un peri• cote!.. DON FRANCISCO.-Sí ... sí ... efectivamente ... MICAELA.-¡ Qué pericotes atrevidos ·! ¡Pero guay de ellos si les suelto el gato! ¡Madre! Venid ... Ya me voy. TERESA.-Aquí estoy, hijita. ¿Qué pasa? l\HCAELA.-Ved, que no vuelvan a atacar los · pe- ricotes a Dolores. Don Francisco, como buen caballero que sois, también a vos la encargo. Quedad con Dios. TERESA.-Que la Virgen te acompañe, hijita. DOLORES.-Que te vaya bien, prima. DON FRANCISCO.-Id tranquila, cioña: Micaela, que en un caballero confiáis. .. . .
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