Ciudad del sol

~ 84- ·Luego esperan pacientemente, esperan que ter- mine el día, espera n que el S eñor de los Temblores vuel~ · va a la Catedral, e.sper.an la noche que ahuyenta la agitación, el movi miento, lo s ajetreos del día; esperan, como los desdichados condenados por el infortunio, . esperan lo maravilloso, lo fantástico: esperan el mi- lagro: Esperan el muc-chho que se ha depositado en el anda, pues lo consideran reliquia sagrada ; no sólo destinada a dar los bienes del alma, sino también la salud al cuerpo. En la apartada puna, en 'la tristeza de los picos nevados, en los cimeros salvajes, donde lo~ pajonales disputan el terreno a la nieve, habita. en rústica choza ·el indio pastor de llamas y vicuñas, ais- lado en la soledad de las alturas, sin compañera ni f~­ milia, distanciado por largas leguas de población algu- na ; sin médico, botica, ni curandera, sin sacerdote que fortalezca el alma cuando desfallece el cuerpo; sin un auxilio divino ni humano. Cuando su salud se que- branta, cuando impre.visto mal le. agobia, .sin ·tener donde pedir amparo; recurre al muc-chho del Señ.pr de los Temb lores, q ue en cocimiento beb·e, des·eoso de obt~ner el aliv.io milagroso de su dolencia.. Sólo tiene el consuelo del mil agro que la conquistadora España lP dejara con la fé del martirio, enseñada y aprendida ~ntre torrentes de sangre. ,

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