Ciudad del sol
82 - ... •,;. seguir la ruta milenaria traza.da desde la época del imperio del Sol; orilland o cerros formidables, aviso- rando lagos, que son oasis de las alturas y cumbres empinadas de eterna blancura. Después de haber subido cerros enormes" que por la fatiga que causan parecen inconmensurables, prin- cipia la bajada en la que . florecen maravillosos jar- dines salvajes que barruntan la proximidad de Uru- bamba. Ningún terreno baldío de glebas muertas o calcinados rastrojos, entristece el panorama. Los trigales y cebadales que el indígena ha de transformar en pan y hostia, se alternan, sustituyen- do a la generación expontánea eón que se engalanan loe cerros, cubriéndose la tez morena con el verdor de los sembríos. De improviso aperece un jardín ex- pontáneo causando asombro~ ·' ¡Un jardín salvaJe ! ¡ Ja;rdín rojo! ¡Jardín apuña- lado!, ¡ snlpicado de sangre! La floresta iluminada cual azcuaE'., anuncia que ya ha declinado el rigorismo del hielo. Conforme se continúa caminando, el jardín pare- ce de color más intenso, más ·encendido. L'Os indio~ lo consagran al Señ.or de los Temblores. Sólo produce una flor, que nace en arbu~tos: el Mucchho, muy diminuto, que al deshojarse deja caer sus pétalos cumo lágrimas de sangre, diríase que ~on las gotas divinas que emanaron del cuerpo ·de Nuestro Señor· Crucificado. Los indios las ven·eran y las cortan un día al año para llevarlas al Templo; sólo pululan durante la época en que se rememora la Pasión de Je- sús. Existe en ·el Cuzco una efigie..en madera del Cru- cificad o, hermosa escultura importada de España, que des.de los tiempos de la 1 Colonia, se venera con deli- rante fervor: "El Señor de los Temblores" al que se le pide que libre a la ciudad de las catástrofes sí~micas, que · aunque no frecuentes, causan pavor. Constituye este 1Cristo el amor mjstico más : intenso de los cuz- queños, por las gracias que la sagrada imágen conce- de: noche y día arden a sus pies los cirios encendidos, al punto que expuesto a recibir el homenaje de] humo perpétuo, .el color natural del esmalte se ha transfor- m_ado en un patinado pardo, .sombrío. Blanco y amara-
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