Ciudad del sol

-64- algunos bloques· d.esquisiados, único ·resto de .las habi- ta·ciones del Inca. Al lado de la portada erguida y de los magníficos bloques que incitan a la añoranza, aparecen las habi- taciones modernas de pobre construcción, interrum- piendo la placidez del ambiente romántico, que aman las almas .solitarias. Allí, en la paz de la co1ina, en el verdor de 1a fronda, ante la placidez del panorama ; interrogué a las alma~ vegetales, si habitando la som- nolienta colina de 1 Colca1npata no desaparecen los de- lirios pasionales, los anhelos atormentados del espíri- tu moderno, en la s:o1emnidad apacible de la ruina? * * * En los andenes todos simétricos y ordenados ,se ven, aquí y allá, paredes de piedra que permanecen le- vantados cnmo un ve:Stigio de la amp1itud y soberbia solidez del trabajo incaico. · El agua Eerpentea, sube o baja, empapando la colina, revelando un ingenioso sistema de irrigación a base de enorm·es estanques, que lo mismo que antes, se utilizan hoy. Una terraza ·más amplia que las otras .se encuen- tra entera.mente cubierta de un tupido cesped: brin- da al reposo cual sumi 1 so tapiz smirniano ; ·allí se res- pira e1 aire libremente; se goza del ambiente con más amplitud que en las otras; desde allí se avisara el cielo inmenso y la.s crestas de las colinas cercanas. Este lugar donde s·ólo se apercibe un paisaje· de alturas, debió ser ·el preferido por Mama Occllyo, dul- ce encarnación de la matrona amante, que amp.araba a los niños; maestra de la,s delicadeces de la aguja y de los primores de los finos cendales. · ¿ Fué este paraje halagad:or el preferido por la benigna .soberana? De su alma de mujer ningún vesti- gio ha quedado, ninguna huella, ninguna reliquia, ante la cual la cuzqueña moderna pueda invocar a la madre del Imperio ; como su obra de amor f ué impalpable, derribóEe frágil, delicada, al choque rudo de los años, que sólo resi ,s.te J.a piedra que se mantiene perdurable en la vida ancestral.

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