Ciudad del sol
EL PUERTO CLAUSURADO ¡Cuán poco cambiado ·e.staba el puerto a pe~ar de los largos años transcurridos desde que allí estuviera 1 en mi nifrez ! No tardo 1 en reconocer el lugar en que viví: un montículo desde el cual s-e divisa el mar libre·mente. Allí está la casa en la cual viví, con mi (madre y mis dos hermanitas, transformada en Hotel. El jardín del testero e~ el mi,smo. Mi madre, que no lo vo.lvió a ver, distraía la tristeza. de su soledad haciéndolo cultivar con esmero: joven y abatida por la ausencia del esposo, que había partido en guerra, en los atardeceres, cuando el rigor del Sol declina, sus negrt0s ojos interrogaban al cielo, o lo imploraban en silencio. Mollendo estaba bloqueado y amenazado por tro- pas enemjga.s que ocupaban la Capital; sólo e1 .Sur' y el centro de la República quedaba bajo el dominio del General Cáceres, quien por tierra había emprendido la marcha al mando de su ejército, para derrocar al Gobierno de Lima, impuesto a la Nación por el enemi- go invasor, que para retirarse lo obligara a firmar una paz humillante. ¿Por qué se exp:one la Señora .del 1 General - decían en aqueHa época - a las emergencias !de una .súibtita invasión naval en e.1 puerto desarmado y sin defensa posible? ¡ Oh la~ .sublimidades y sacrificios de las madres ! ¿Quién logra penetrar hasta lo íntimo de esos cora- zo:Qes? El médico lo había ordenado : tres criaturitas, tres hijas nacidas en la costa, no podían resistir el ri~ goris·mo de la altura de Ar-equipa y una de ellas esta- ba sentenciada a morir Ei no la llevaban a las orillas del mar.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx