Ciudad del sol

. ' 186 niosos, su sonrisa es suave, el timbre de 'su voz, delica- do. Todo en ella dice de la alta dama y d ·e la espiritual escritora. Aurora 1 Cáceres reune la inteligencia y la ele- gancia como aquella encantadora Jeanne Catu1le Mén- dez que nos describe. Su recibimiento es muy amable. Me hace pasar a su gabinet e, a un p equeño gabinete de trabajo. Sobre la mesa veo much.os libros y algunos periódicos en te- rrible desor den. Ent re los libros está en .primer volú- men: "Mujeres d .e Ayer y de Hoy", :edita:do 1d1e Ga1rnier. J·unto al libro hay unas pequeñas hojas manuscritas. Evangelina las toma, pasa 'ligeramente la vista por sus líneas y se dispone a guardarlas. :No se por qué esos pa- peles me llaman la atención y 1).0 puedo reprimir. -.un 1novimiento de curiosidadº - Son unos verso.s dedicados a m.í - .dice ella, no- tándolo. - Unos sencillos y cariñosos versos .en los que una muchacha sentimental me dice que .soy oella y que soy buena. Sonríe. Esa chiquilla le ha escrito también una carta. Una carta en la que le pi 1 de que interceda por la vida de unos pobres árboles que rodean su casa en la Magdalena vieja. Y aunque E ivangelina habla de esto frívolamente, yo adivino en ella un ·secreto goce, por- que· le es permitido abogar por la -causa de la vida, por la causa de la belleza. Aprovecho la ocasión para hacerme eco de murmu- raciones callejeras: Es un afán - le digo - un afán de destruír las pocas cosa.$ bellas que nos rodean. Cada día a:lgo de- saparece; es ya un jardín, ya un recuerdo de épocas pasadas. Se ensañan contra. los árboles. . . . . Y e$ todo tan feo aquí, que no co.mpren"do ..... Al notar que me pongo sentimental quier.o iniciar un reportaj.e en regla. Pero ella no me deja: - ¿Feo todo? Al contrario. · Los alrededores son n1uy bellos y 1a ciudad tiene un sello único. Esta costa tan árida, tan seca, con aquellos algarrobos aislad.os que proyectan la sombra de sus anchas copas , me en- canta. Vi~ta del mar es admirable. Recuerda las costas de la Arabia, las costas del Mar Rojo . .Sus arenas tie- nen un brillo alucinante a :la caída del sol.

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