Ciudad del sol

-- 153 ardiente encendido con la sangre de la pasión, él jamás te abandonará". La huérfana arrodillada, se oprime el pecho. pa- ra ahogar.. los Eollozos y con la cabeza idolor._osam.énte ·in- cHnada se pregunta: "Si niuri6 mi madre ¿para qué vivo?'~ y la escena de 'la agonía y el duelo· del entierro revive, donde quiera que dirija 1a mirada, opacando a las vírgenes y santos de los retablos; oscureiciendo laS" ·lámparas . ve 1 ladoras, esfumándolo todo en sombras de .Una infinita tr'iEteza. Mentalmente va diciendo la vi- .sión -de su dol~or: "Se la llevaron en un ataúd, besé sus ojos que no me miraban, los cirios -se apagaron, las flo- res se fueron tras ella y 1 la·s fúnebres telas también de- saparecieron. La cancela abrió sus :dos hoja·s y a1 pas~r por ella, cuando ví que para siempre 1 Se_a:Jejaba, un do- lor extraño, una tortura indecible .estremeció mi cuerpo. De esaE entrañas 1inertes había nacido? esa sangre paralizaida era la ·mía, ese cuerpo sin alma f ué el 111-Í-O y el ·misterio .de la vi1da y de la muerte me · atur.djó, ¿por qué se la, Uevaban y yo quedaba allí, en la ·soled~d de la 1 casa abandonada, cuando sentía un desgarramien- to de toda mi ·carne, .un dislocamiento de todas 1 mis en- trañas, y aturdida y loca 1 de dolor gritaba, con un ala- rido . de rebeldía. f ormidab'le : "n,o existe piedad en la tierra ni en el cielo, si me diste un·a madre ¿por qué me la quitáis?" ¡Madre! ¡Madre! si fuiste toda ternura y ~amor ¿por qué me 1dej as? ¿por qué me diste vida si te- nías que abandonarme? ¡Madre ! ¡Madre, nece'Sito tus miradas; necesito tu calor!" Un Nazareno ensangrentado responde en la es- cultórica plasticidad agonizante: "Yo también tuve una madre y os la dejé, en el reino de D.ios encontra- rás la tuya". . . El pecador, el criminal, el malvado, . penetra a la ·Catedral, indiferente, y las vibraciones de la piedad co- lectiva que saturan el a 1 mbiente le mueven el · al ma y tal vez, un instante siquiera, comprende que aún f.lo- reieen rosales ·sobre la tierra, que las rosas de Jericó no han muerto. E l ambicioso , el egüísta, ~acrílego de.I bienestar de las sociedad.es, que por aUí pasa, acaso se detiene ante el trono perdurable de la santidad y ·m·edita en

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