Ciudad del sol

- 145 - Así, buscando espacio, ya que no era fácil llenar toda la ciudad del Cuzco con inmensas Iglesias, debie- ron pensar en la grandiosidad del lugar; para el caso ninguno más aparente que la ·Colina de Colcampata, donde ubicaron a San Cristóbal, antes de llegar al pri- mer z6calo, que luce la residencia del Inca Manco Ccá- pac. La fe católica, al enca·denar al Imperio del Sol, desde entonces lo vinculó inseparablemente a E.spaña. Crono vanguardia religioso, alerta para im[ledir la con- tinuidad de la idolatría, .se encuentra al corpulento San Cristóbal, venerado en una pequeña Iglesia, delan- te de la cual hay que pasar antes de llegar al Palacio del Inca. Es una Iglesia aliviadora, porque al mis·mio tiem- · po que atestigua el espíritu conquistador de E 1 spaña, . también prueba que :la ambi·ción de poderío, queda .mi- tigada por el amor al verdadero Dios que dieron a co- nocer. Antes de ·entrar a la ruina hay que visitar a San Cristóbal, a~sí se comprende que el Palacio del hijo del Sol, en la época colonial, se relegara al olvido, a la des- truc·ción del tiempo, abandonado en la colina donde se venera ·el Santo oriental y ·mártir de la fé. De la magnífica construcción interior de esta Igle- sia, ya n-o debe ·subsistir vestigio 1al~guno: e1 espíritu modernista ajeno a la estética y .sin conocimi,ento del arte retrospectivo se había apoderado de ella. Ven- ciendo dificulta.des, porque se impedía la entrada al público, hice abrir la puerta y presencié la obra de de- .moli-ción. · La efigie de San Cristóbal, destronada del altar dorado y de las graciosas rosetas y arabescos tallados en madera, con que le obsequiara la ofrenda religio- sa antiguay yacía en el suelo condenado, con inevi- table resignación, a presenciar la oqra demoledora. La sierra y el cepillo pulían las talladura:s de las maderas, despojándolas de su esplendor; el oro volaba en mjnúsculas partículas pulverizado para desapare- cer en la tierra del suelo; las imágenes de otros a:lta- res, que la ignorancia había dejado mutilar, disloca- das y envilecida·s, ·estaban mal cubiertas y al amparo de la s 1 ombra del recinto parecían ocultarse como una

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