Ciudad del sol
- 143 niz ar el almu erzo refiriendo, en am,ena charla, eómo las valeroe.as monjitas misioneras domínicas, que de España llegaban al Perú, para internarse en las regio- nes Soemisalvajes de .la ·montaña, tienen que cabalgar en mulas, 1 sin cambiar el blanco hábito y cubierta la toca con el negro velo monjil, ·expuestas a derrumbarse a cada instante en la incierta senda que borda preci- picios insalvables. Cuando el Obispo l\fisionerio ordenó al Padre Aza que formase parte de una de estas ·CD mi- tivas, respondió: ~'Sí; pero no ordene su Ilustrísima que si alguna se cae, la re 1 coj a, porque seríamos dos los muertos' ' .. Monseñor pronunció breve oración al terminar el almuerzo, como lo hiciera al principio. . . . Me ale- jé pensando que el alimento. es un regalo grato al cuerpo; pero mejor cuando antes s·e alimenta el espí- ritu como en la caEa de Monseñ 1 or.
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