Ciudad del sol
Las dolientes escaleras de hoy parecen lamentar Eu antiguo esplendor, agobiadas, carcomidas, bajo la planta desdeñosa, indiferente del cuzqueñ.o moderno. Sólo una vez he visitado .la casa de este anciano tío, cuyo recuerdo consuela mis tristezas, evocando . su alm.a, que e 1 s la más devota y risueñamente piadosa que he conocido: allí me encontré un día de sol, que iluminaba el salón, propio por la amplitud para un cabildo, y p~de admirar, .con _nítida claridad, la·s vír- genes florentinas y otras místicas imágene.s copias de museos italianos. En el oratorio, abrigado por el an1or y ·mistica piedad, se encuentra el altar donde reposa el Niño Dios y baj.o vidrios guarda-brisas se cobija el tes·oro de las ofrendas religiosas. Después de haber asistido al sacrificio de la Misa, atravesé los corredores que protegidos por barandas, condueen al comedor. En las paredes 'Se alternan an- tiguas pinturas de pinceles primitivos, en las que se derr·ocha el color, reproduciendo la riqueza de inantos estrellados y en la ternura de angelitos coloreados de carmín. Se rindió honores a una bien servida mesa, abundante en viandas y añej:os vinos, que daba gloria verla: la adornaban "misturas conventuales": las mon- jitas laboran las frutas pequeñitas y ar.01máticas, las acicalan y adornan con particular ingenio ; de igual modo, modelando la masa de almendras, hacen diminu- ta variedad de aves graciosamente engalanadas con cintitas e hilos de briscado. Y por encima de todo ema- naba un olorcito especial, ·mezcla de exquisitas viandas y de beaterio limpi 1 0. Como en laE bodas de Canaan· hubo vino, no debe sorprender que Monseñor también lo tuviera, ·ofrecién- dolo gener.o~. o y muy añejo a sus com 1 ensales y hasta operó el milagro de descender a la cueva para ofre- cernos alguno que de puro viejo .se había transform1a- do ,en néctar almibarado, digno del Cáliz divino. Allí se enc 1 ontraban los canónigos· que .la amistad de Mon- Eeñor había seleccionado y algunos ¡monjes domínicos, entre los que :resaltaba la imponente figura del Padre Aza, con el blanco hábito y la prolongada barba ne- gra de ·misionero. Es hermano del reno·mbrado escri- tor Pío Aza y como él no carece de ingenio : supo ame-
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