Ciudad del sol
-134 - Endulzó e.sta charla el amoro~o recuerdo que la señorita Yábar dedicó a la juventud de mi padre .y comprendí que con él, el parentezco terminaba. La luz de la tarde desapareció lentamiente y la obscuridad invadía de melancolía la estancia; hubo mi- nutos de 1 silencio, de recogimiento .... ; el retrato del prim'O, monseñor, vestido de seminarista romano ha- bía ocultado su dulce mirada. La vieja india gobernanta de· la casa, apareció suavemente, con las pisadas amortiguadas como algo que ee desliza, luego otra más joven y después otra. lnEtantáneamente encendieron las bujías y apareció una magia de luz movible, de parpadeos en un desper- tar lejano, que se reflejaban en los enormes espejos de ricos marcos dorados los cuales parecían que las pare- des soportaban con dolor. Las velas ardían en todas partes, sobre las con- solas, sobre la mesa ovalada y grande, sobre las chi- cas, y se multiplicaban reprodueidas en las lunas ve- neciana,s con chisporroteos, cual luciérnagas de alaE· abiertas, alucinante otras, Ee escondían o se consumían exhaustas; vestales inmaculadas, agotadas en la angus- tia del calor que consume. Al despedirme, la vieja india me abrazaba tier- namente, prodigándome el dulce vocabulario serrano, como si hubiese crecido en sus brazios, ya le habían di- cho que por parentezco pertenecía a e.se hogar. La matriona encontraba poco dignas sus zalem as ...... . ~i\compañada con un cortejo de vºélas encendidas, descen dí las a mplias escaleras de piedra; oí el chirri- do del grue.so cerrojo de la puerta de calle que se abría para darme s alida; miré detrás el patio obscuro con la arquería de .sus claustros y recordé que en los palacios viene.ces só1o a los Príncipes se les concedía el corte- jo de velas encendidas ..... . Allí dentro quedó la anciána, en el hogar colo- nial, sumergida en recuerdos, entronizada en el pasa- do de su alma impenetrable. En la calle hube de andar muy de prisa, la india- da se amotinaba, corría silenciosa, con ese silencio trá- gico de la 1 s revoluciones sangrientas. Era la época de las elecciones parlamentarias y un candidato por Ayavirí, acababa de ser asesinado
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