Ciudad del sol
- 125- plegaria a Cristo, allí donde la f é incaica adorara al Sol. No distante aparece un canal profundo de agua que se esfurna tristemente, como un remanso venecia- no; si tuviese cisnes me habría transportado imagina- tivamente a los canales de Brujas, en una mañana ba- ñada de Sol y de alegría. Las ondas sonoras de la aurí- fera "María Angola", con .su místico c1am:or, llegaban hasta ·mí cual el carrillón 'lejano de la amorosa Brujas, que me despertó en un día de felicidad, de esos que las rnujeres buenas creen que deben ser eternos. El canal cuzqueño diríase una boa barcina que se estira en la agonía y se prolonga hasta perderse en lo inmenso del campo ; hacia el centro de la ciudad esconde - la ca- beza inerte y desapare- ce bajo 1as modernas calles centrales, puli- das y limpias. Los portalillo's me fascinan, se les vé aquí y allá diminutos y gra- ciosos · 1 si · no .enoerra- ' sen un mercado de ba- zar original, d:iría que parecido debió ser aquel en que nació Jesús de N·azaret : humilde, de arquitectura vetusta, íntima, acariciado por la naturaleza. Allí se venden Niños Dios·es pequeñitos y grandes, cuidadosamente esmal- tados; - graciosas escul- turas de un artista in- genuo que trabaja con el amor beático que ins- pira el juguete sagrado de los infantiles corazones. . Los Niños tiernos, graciosos ·y dulces, yacen acos- tados en Tústico y diminuto escaparate. Todos mi- 1 ••
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