Ciudad del sol
- 106 - Coronan la residencia de Ollantay, en la cima del cerro, otras tres piedras que forman uno de los más célebres Intihua.tana.s incaicos. Todo indica que fueron piedras sagrada's : los res- tos de una_ pequeña habitación que las protegía, la proximidad de otra más pequeña a manera de santua- rio y la ubicación que es la que seguramente conven- dría a un águila para colgar su nido y que fué ~a elegi- da por Ollantay para estar más cerca del Sol. Se traduce la palabra 1ntihuatana por "amarrar el Sol" fiesta religiosa que se celebraba en el solsticio; simulaban como si amarrasen al Sol, atándolo a unos anillos taladrados en la misma piedra. Delante de estas deidades bailaban danzas hie- ráticas siguiendo el ritmo de :la música primitiva, mo- nótonamente melancólica. . _ _ Esta.s piedras sin . duda iinpacibles ante los anhe- los del joven enamorado, después cuando éste alcan- zó la madurez de la vida, presenciaron el milagro del triunfo del amor debido a la constancia. La naturaleza, a la que Ollantay le rindió el cul- to de su admiración, no es ingrata a su memoria, ger- mina la ofrenda de las florecillas del campo, en una ga1na morada de calvario y de obispales alelíes ; son una caricia, un beso perfumado y humilde, más elo- cuente que mi recuerdo, ante la mansión -del héroe del amor, de la valentía y de la beUeza, el General Ollantay.
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