Ciudad del sol

RUINAS EMBELLECIDAS DE AMOR. He llegado a Ja meta del peregrinaje de mis an- helos turistas; al fin, después de un largo viaje me encuentro en el Palacio de Ollantay o mejor dicho en el inmenso pati 1 0, al cual convergen la fortaleza, el Pa- lacio y sus dependencias. La grama crece insolente ; en los baches se depo- sita la lluvia y por una gran grieta que la corriente der agua ha abierto, a manera de a·cequia, se desliza tenuen1ente. ~- Es aquello un campo de ·desolación, un ·mustio eo- llado como dijó el poeta a Fabio, contándole su dolor. · .: .Hacia la dérecha aún se mantienen de pie las por- tádas: ·de 'lo aue fué en otro- tiempo mag·níficJ Pala- cio; sólo dos -portadas de piedra subsisten, pero ¡ay! en ·cumpleto abandono, amenazando desp10'mar 1 se. : A-un'que en Ollantaytambo, han dado_en llamar a esta ruina Palacio del Inca, mé inclino a creer que

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