Ciudad del sol
- 99- exótica labor. La coreografía con EU gracia inespera- da, la arquitectura monumental, en su· empeño de dar a conncer lo inmenso; las musas todas en su inspira- ción genésiea y 1os cícoples griegos, no igualan a los ar- quitectos incaicoE en su empeño de abismarnos, de sor- prenderno~. , produciendo la sensación del vigor eterno coloso de los siglos. Los vestigios de la arquitectura incai·ca abundan en gener10sida.d poco común; se advierte un expendio de brazos sorprendente de tiempo tranEcurrido en la construcción al punto que no debió contarse. Los ar- quitectos del Sol interpr·etaban a la. naturaleza con elocuente verdad imitativa; no obstante, no fueron ge- niale~ porque carecieron de inventiva; se puede decir que sintieron el amor a lo grande, a lo magnífico, que rindieron el tributo de su admiración a la belleza con que Dios regalara al mundo. Eligieron las cimas de los cerros para orar; los senos, para abrigar sus morada~ ; los cimientos, para ampararse en el combate; los ríos torrenciales, como defensa; las estrecheses de las quebradas, como para- petos, y el llano de l10:s valles, para el semhrío. Con el empeño de vivir en lo alto, de elevarse ha- cia el firmamento, de aspirar al horizonte azul de las nubes; cuando el salvajismo del terreno lo impedía, entonces civilizaban los cerros y los cultivaban cortán- dolos. Formaban andenes de más de un metro de ancho y en los picos más elevados, se servían de las aguas de los lagos, llevándolas donde les convenía; y así vi- vieron siempre con marcada tendencia de enaltecin1ien- to, con amor a lo grande, robando el agua a las nube1s y el calor, aproximándose al Sol. Así vivieron esas almas legendarias, contemplan- do el cielo y despreciando lo bajo que iguala a lo ruin; desdeños·os de las playas humildes, de los arenales muer- tos, diríase reptiles incoloro~, que se entregan sumidos a la voracidad del mar que los arrastra; ¡despreciables arenales sin resistencia ; miserables y débiles médanos que doblegan la cerviz y se humillan ante la inestabi- lidad del viento ! En el antiguo Imperio, por su riqueza inusitada se desconocían las consideraciones de orden utilitario y , . econom1co.
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