Yuyarccuni Año II N° 2 Estefany Ramos 329 aprecian ciertos rasgos de desigualdad no solo en los roles sociales sino en las apreciaciones sobre la fisiología de los géneros. “La mujer en el campo de la política quedaría degradada desde los primeros pasos, porque estaría expuesta a que los hombres le faltasen al respeto. Haría mucho mal a la mujer quien pretendería darle lugar en los destinos políticos y sacarla del hogar donde ella es más exacta y positivamente lo que eran los mentidos lares y penates de la antigua gentilidad” (González, 1976, p.51). Con respecto al rol de la mujer dentro del matrimonio, señala: Al hablar del hogar doméstico y del influjo que en el ejerce la mujer, no hay necesidad de nombrar a la madre de familia. Tan sagrado carácter es el título de donde nacen sus derechos, y el manantial fecundo e inagotable de purísimos sentimientos que traen los medios desconocidos del hombre. El matrimonio, pues, es el origen de ese sagrado carácter, y de ese título que demarca el campo donde la madre de familia ha de desplegar sus facultades y descubrir el tesoro que dentro de sí encierra (González, 1976, p. 51). El género femenino, poseía una significación dentro de la sociedad, particularmente en el hogar. Por tanto, las amas de casa son mujeres intachables. Dichas acepciones de González Vigil, reflejan la influencia religiosa. La concepción de mujer de voz dulce y delicada, para poder criar de una manera apacible a sus hijos, era la adecuada para instruirlos, tratándolos según su sexo. Por tal motivo, el hogar era considerado como ese espacio de cotidianidad, de interacción entre los padres e hijos, un espacio de armonía, prototipo de paz, y amor familiar (González, 1976). Lo que sucedía dentro del hogar debía ser tarea de los padres; la madre, era quien preservaba ese espacio, para que sus futuros hijos salieran correctos y, consecuentemente, permitirán forjar buenos ciudadanos. Conclusiones En síntesis, la concepción que se tenía en dicha época y por el estudio realizado en el presente ensayo, era evidente la influencia de las posturas doctrinarias en la dinámica social de aquella época; el sacramento del matrimonio, era fundamental para idear una nación y, consecuentemente, el forjamiento de la familia, parte esencial de la sociedad peruana. Como bien señaló Sotomayor (2013), el ángel del hogar era una idealización de la mujer, puesto que esta debía reinar solo dentro de la casa siendo buena esposa y madre. Ella era el ángel del espacio doméstico, pues poseía virtudes como la pureza, el honor y la bondad. Todas estas facultades debían estar al servicio de los los hijos y el
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