llamada Mamanchic por los indios, madre de los pobres, multiplica sus tareas y afanes. El 23 de marzo de 1781 le envía la última carta donde lo llama “Señor Gobernador Don José Gabriel Túpac Amaru. Amantísimo hijo de mi corazón” y le informa sobre el movimiento de los soldados españoles, también que está enviando un cañón a Paruro. Firma, “De Vuestra Merced su amante esposa. Doña Micaela Bastidas”57. ...estoy pronta a morir donde muriese mi esposo. Se producen deserciones, varios traidores cumplen su cometido y finalmente el poderío del ejército español se impone. Túpac Amaru es derrotado en Sallca. Micaela recibe un mensaje secreto y parte con sus tres hijos y varios familiares por el camino de Livitaca donde es emboscada, traicionada por Ventura Landaeta, ansioso de la pensión vitalicia y la cuantiosa recompensa ofrecida. La llevan amarrada con sogas y cadenas al Cusco. El 21 de abril de 1781 se inició el juicio contra Micaela Bastidas ante el Juez Benito de la Mata Linares del Consejo de Su Majestad, Oidor de la Real Audiencia de Lima. El primero en declarar fue Francisco Molina, quien según carta de Eusebio Balza, Sargento Mayor de las Milicias de Tucumán al Supremo Consejo de Indias, fechada el 8 de setiembre de 1781, era “uno de los más famosos capitanes que tuvo Túpac Amaru, tan ensangrentado contra los europeos, que el estrago lamentable de Sangarara se atribuye principalmente a él”58. Las recomendaciones y marcos de plata de su hermana la Marquesa de Corpa, le valieron a Molina ser indultado y deportado a Chile de donde era oriundo. En su declaración, traiciona sin compasión a los insurrectos y miente al decir que a quien no obedecía las órdenes de Túpac Amaru, Micaela Bastidas lo condenaba a que “experimentase el último suplicio, y perdida de sus bienes; de que resultaron muchas muertes en las provincias, así de europeos como de criollos, regocijándose la dicha Micaela” 59 El siguiente testigo fue Francisco Cisneros, que estaba al servicio del Corregidor de Tinta Antonio de Arriaga. Repite la misma declaración de Molina, que “Micaela Bastidas daba órdenes por escrito y de palabra a las provincias rebeldes, para que aportasen gente, para posesionarse de estos dominios, con más vigor que su propio marido, imponiéndoles pena de muerte si no concurrían a ello”60. Igualmente, el otro testigo, Manuel de San Roque declara que Micaela Bastidas “daba órdenes de palabras a los indios concurrentes, todas aderezadas a la conspiración que el Rebelde había maquinado, excitando a los indios a que se pusieran en arma, fomentándolos con plata, coca y otras especies comestibles”61 Mientras, Manuel Galleguillos, uno de los secretarios más activos que sirvió a Micaela Bastidas, intenta soslayar su responsabilidad declarando que permaneció junto a los rebeldes porque estuvo preso, y que reconocía en Micaela “más rebeldía que en su marido; más arrogancia y más soberbia, de modo que se hizo más temible 57 Ibídem, p. 57. 58 Ibídem, pp. 98-99. 59 Ibídem, pp. 97-98. 60 Ibídem, p. 99. 61 Ibídem, p. 100.
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