Veladas literarias de Lima: 1876-1877
MERCEDES B. de DORADO -En la fuente primera que encontrareis, Allí vereis nn hombre Q~e su cántaro llena. Pues seguidle: No os inquiete su nombre: Entrad con él en su mansión, y al dueño • Diréis: el Maestro á tn morada envía A preparar la Pascua Que comer debe hoy día. Partieron los discípulos; y solo Quedó Jesús sentado en una piedra. Sus miradas divinas Con dolor contemplaron las colinas Y la ciudad enfrente Dulcemente alumbrada Por los rayos del sol que lentamente Cercano iba al ocaso; Por la brisa gentil acariciada De tibia primavera: Ciudad, gloria y amor de sus abuelos, La bella Sunamitis Por Salomón cantada, Al mas horrendo crímen destinada. Y Jesús, inclinando la cabeza, Lloró en acerbo llanto Su eclipsada grandeza, Sn santidad pasada Y la abominación que la cubría; La destrucción futura y los castigos Que sobre ella su Padre suspendía. Los oj0s elevando á la alta esfera, Quiso implorar perdón, mas vió severa A la eterna justicia que agnardaba Y de expiación una Hostia demandaba 4f .
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