Veladas literarias de Lima: 1876-1877
ADRIANA BUENDIA 21 La sangre se agolpa hirviente á su corazon que se agita, y sin saber por qné, se extremece misteriosamente su alma. Cuando un jóven fija en ella sus ojos, baja instintivamente los suy~, y sus mejillas se encienden con las tintas de la rosa. • Aqutllos ojos producen en su alma una turbacion ines- plicable. En todas partes oye que la apellidan hermosa; y esta má- gica palabra inunda de placer su corazon, como la aurora, de 1uz, los campos y los vergeles. Entónces, una sonrisa de felicidad viene á dibujarse en sus lábios, y los perfumes de la vida social embargan su ra- zon por algun tiempo. Por fin, su corazon despierta del santo sueño de la ino- cencüi. Su hermosura la atrae nubes de admiradores, como á la encarnada flor enjambres de mariposas, la miel que de su cáliz destila. Aquí comienzan para ella, la lucha del amor propio y el campo de las aspiraciones. Las contrariedades se suceden, y una lágrima es el primer fruto de sus mas tiernos afanes. Mas, á pesar de todo, se consuela. A los trece años, las tempestades del alma se disipan pronto; y Ia.s espinas de las flores aún no han llegado á destrozar las fibras de un corazon que vive del amor y la esperanza. Pero sobrevienen los años con la velocidad del rayo, las ilusiones se van, la hermosura se disipa, aparecen ya las canas, márcanse las primeras arrugas como un cartel de ignominia en nuestra frente, y entónces, la que fué jóven, se vé abandonada, y sola en la tristeza de su alma. ta primavera de la vida ha pasado, y con ella todos sus encantos, sus dones y su esperanza. La jóven, la niña que en torno suyo respiraba felicidad y
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