Veladas literarias de Lima: 1876-1877

(' 20 VELADAS LITERARIAS piente, para ser la madre piadosa de todo el género humano, y dará luz de su seno vir·ginal al que había de redimir al mundo. Ha:v, pues, algo de comun entre la vida de las B.ores y la vida de las mujeres. Nace púdiea y lozana sobre su tallo gentil una azucena, y apenas abre su perfumada copa, el céfiro la arrulla blanda- mente, el avecilla la canta, y mariposas mil, de matizados co- lores, se disputan la esencia de su perfume. La aurora vierte en su purísimo cáliz dulce llanto de amores, y la fuente, copia en sus rizados cristales su bella imágen . seductora. La flor se ostenta en tanto lozana, y llena de animacion y de encantos la verde alfombra de Jos vergeles, hasta que el cierzo helado la marchita y empaña el delicado matiz de sus vívidos colores. Dobla entónces su corola, sobre la tumba de cristal que sollozando le ofrece la fuente que ya se agota ; y pálida y sombría y triste, exhala su último perfume, que es su úl- timo suspiro, y su esencia se disipa y se pierde en las regio- nes de lo infinito. Nace la mujer, como las flores, lozana, pura y hermosa; y trascurre su niñez en el regazo materno, entre sonrisas y besos del amor mas verdadero. Las auras de la vida son para ella los mimos de la fortuna. Su corazon late dichoso y alegre, sin que la mas leve sombra empañe su purísima frente, ni el cristal apacible de sug ojos'. «Los ojos son los espejos donde el alma se retrata»: ha dicho el cantor de las flores, José Selgas y Carrasco. La vida es para la niña inocente un campo color de rosa, cuyos límites se pierden en el azul de los cielos. Todo es feli- cidad en torno suyo; todo está lleno de animacion y ele vida. Crece despues, y empieza á esperimentar un sentimiento desconocido, mezcla ele alegria y de pesal', de gozo y melan- colía, de temor· y de esperanza.

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