Veladas literarias de Lima: 1876-1877
478 VELADAS LJTE'RARIAS ritas, se apartó un poeta en chistosa actitud y adem anes joco- rios. Era el poeta Villarán, que haciendo de sacristan; lamaba á todoSc los que debian tomar parte en la ceremonia . Q _ '1 tal objeto, recitó una composicion en versos esdrúju los. El ahijado se colocó ~ntre el patlrino, señor Adolfo Garcia, y la madrina señora Mercedes C. de Carbonera. Aquel recitó una bellísima composicion poética, e n la que hizo lujo de esa fina galantAría qne tanto disting ue al señor Garcia. Se felicitaba este bardo porque le habi a cahido la suerte de ser compañero de una madrina tan bella , donosa y arrogante, y del tradicionalista Palma (el Cura), y de su ami- go.-y discípulo el «Ultimo Harabicu». Al ahijado lo colmó de consejos para qne se consag rara con ahinco y desprendimiento al estudio de la Esté tica y Alta Literatura. Le llegó su turno á la madrina. Leyó una letrilla, que no dudamos le sabría al am igo Ha- rabicu á picada de víbora. Figúrense ustedes, lectores, que la madrina le h ablaba al ahijado de los buenos deseos que tenia porque c onsiguiera una novia modesta, pura, espiritual y enemiga de perifollos, altas castañas y perendengues. El sefíor Cura Palma, con toda la gravedad de nn novicio conventual, le echó la bendicion al «arrapiezo», leyendo al efecto una graciosíaima composicion. El nunca bien pon<lerado sacristan, dió entrada li bre á to- dos, para que fueran en persecucion del derecho d e sebo. La velada concluyó con una mano de música. La señorita Eléspuru cantó un trozo de ópera, aco mpañada por los esposos Guzman. Su voz clara, dulce y melodiosa, dió á los circunstantes momentos de grata complacencia. En cuanto á la madrina, diremos que hizo valer su perso-
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