Veladas literarias de Lima: 1876-1877

JU/ClOS de la PRENSA 477 Antes de dar cuenta del ceremonial, permítasenos entrar P-n algunos antecedentes. '? Nos ~~guran que una de nuestras poetizas, la señora Gor- riti, conocedora de la historia de nuestra poesía prim¡tiva y del verdadero nombre que debian llevar los represent tes de ella, opinaba porque cEl Ultimo Harabec» no debia lla- marse tal, sino «El Último Harabicu». Dicha insinuacion, segun tambien nos han referido, llégó á ser el tema de discusiones filológicas entre los conocedores del puro quechua. - Y que en conclusion, se aceptó el nombre propuesto por la iniciadora del debate. Hé aquí, pues, al amigo Harabec en danza y catequizado ya, para ingresar con aparatosa ceremonia al gremio de 1os fieles adoradores de las musas peruanas. Antes de dar comienzo á esta, el candidato á la bendicion del Párroco señor Palma, presentó á las señoras y señores presentes, una composicion original, titulada: «La flor de Misquichilca... El autor anduvo feliz y mereció cariñosas muestras de aprobacion. En efecto: esa leyenda, por referirse á la pintura de cua- dros que ofrecían los peruanos primitivos, con sus profun- das afecciones, con sus melancólicos amores y sus arranques de magnificencia espiritual, ha caracterizado el sentimenta- lismo del a Último Harabicu ». Con ella demuestra este, el escape natural de sus inclina- ciones hácia todo lo que sea admirar el génio nacional. Con ella, en fin, correspondió ·al nombre nuevo con que pronto debería ser bautizado. Ll9gando á este punto, no podemos menos que expresar, po1· el amigo, nuestras vivas simpatías. Vamos al ceremonial. Del centro del salon donde se hallaban reunidos distingui- dos literatos, escritoras conocidas y otros caballeros y seño-

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