Veladas literarias de Lima: 1876-1877
BENIGIO ALAMOS GONZALEZ 363 ·su oiclo, no hacen decaer el gusto, el olfato, la vista, la sed, el hambre, ni ninguno de los otros sentidos que poseemos para :percibir 1 sensaciones. Solo-se alcanz11 un bien sin sufrir a la vez un mal. I si esto pasa en el organismo material, no hai razon alguna para qne sobrevenga algo distinto en, e8 or- ganismo espiritual. ' Bien puede afirmarse que el amor es una atraccion. Todos los que han amado la han sentido. Bien puede suponerse que esta atraccion está sujeta a la misma lei que las otras · atrae. ciones. Las leyes naturales que rijen la materia, se repiten a veces en el espíritu. Bien puede presumirse que la diferen- cia de temperamento i de naturaleza influye por mucho en las simpatías. Eso se vé con bastante frecuencia. Pero felizmente, hasta ahora, no puede asegurarse que dán- dole a la mujer una ilustracion tan alta como al hombre se disminuiria el amor. La historia de las mujeres célebres está probando lo con- ·trario. Safo, Aspacia, Elizabeth de Inglaterra, 1\farí~ Stuardo, Catalina de Rusia, Mme. Stael, Jorje Sand, no han sido mé- nos apreciadas o amado ménos, por ser intelijentes. Isabel la Católica, no por haber carecido. de amantes, mostró ménos amor. I Eloisa, que debia ser el amor mismo, vió justamente crecer i desarrollarse su pasion i su ternura a la vez que se nutria i se elevaban su intelijencia i su espíritu. La alarma de ciertos teólogos no tiene mayor solidez. Si la reUjion es la verdad, la ciencia solo puede servir para con- firmarla. Si los sacerdotes pueden instruirse sin perder la fé, no hai ·razon para suponer que las mujeres ilustradas pierdan lai · suya. Jeaus lo dijo a sus discípulos: Enseñad al que no sabe.-Al dar este sublime precepto, no hizo distincion entre hombres i mujeres. I si el maestro no distinguió; ¿por qué motivo pueden distinguir los discípulos, negándole a la mujer el de-
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