Veladas literarias de Lima: 1876-1877

A.LE.JANDRO CERDEÑA 32:1 ? dera! siempre hay en el seno Lle esas flores una lágrima que brilla como una perla del cielo. Lásti~ es que la inspirada escritora de .. La rosa y el cla- vel11, esquive tanto las notas dulces y tiernas de sn lira en- cantadora. El ensayo literario que con recomendable modestia ha exhibido la señorita Angela Carbone!, es un precioso trabajo que merece una recomendacion especial. Fácil y correcto es su estilo, y su asunto, aunqne natural y sencillo, .nos recuer- da las últimas escenas del Imperio de los Incas. «La segunda vista» es, pues, una simpática leyenda, con que la señorita Carbone! se ha iniciado felizmente como buena escritora de novelas: en la perseverancia hallará pronto sus mejores lau- reles. Hasta aquí nos hemos ocupado tan solo de las inteligen- cias femeninas; para concluir, diremos dos palabras respP.cto de los trabajos con que nuestros literatos han contribuido al buen éxito de las veladas literarias. Ricardo Palma ha leido dos nuevas tradiciones tituladae, una <1L::t fruta del cercado ageno» y la otra 11: Desdichas de Pirindin», precedidas ambas de una linda poesía de circuns- tancias, que mereció una salva de aplausos. Los escritos de Palma no necesitan encomios; llevan en sí mismos el sello de su mérito incuestionable, y solo basta mencionarlos, para creer que en ellos abunda la originalidad, la sal y la gracia en el decir, á la par de la elegancia de la forma y la magní- fica correccion del lenguaje. Lo mismo puede decirse de las poesías de Manuel Adolfo García, galan y simpatico escritor que sabe <lar siempre á sus inspiraciones el brillo de la novedad y la elegancia. «Colóquio"», «Dios» y cinco sonetos de circunstancias, son las poesías que García ha preAentado en las veladas, y que cada una de ellas es una joya de valor inapreciable. ¡Cuánta belleza! Y qué de flores perfumadas para las señoras! Garcia

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