Veladas literarias de Lima: 1876-1877
JUANA M. GORRITI 27 '1 ') me llamaran un arriero, mas la amable hermana de mi hués- ped los despedía sin que yo lo supiera, porque deseaba rete- nerme lU~.9S días mas á su lado. En fin, un dia concerté mi viaje con uno, como todos los arrieros que trafican en Cobija, vecino de Calama. Per este arriero tenia diez y siete béstias, sin contar las de sil la, y no queria partir hasta encontrar los viajeros suficientes para ocuparlas, y yo ansiosa d~ partir á pesar de la fraternal hos- pitalidad que recibia, no sabia á qué santo pedir el milagro de que los encontrara. Al cabo de algunos clias de E'Spera llegó el vapor del sur y á la mañana siguiente el arriero vino á decirme que íbamos á marchar porque había completado su caravana con los via- geros llegados la víspera. Contenta con la seguridad de partir, salí sola á dar al pue- blo un vistazo de despedida. Próxima á dejarlo, comenzé á mirar su conjunto con ojos mas favorables. Sus casas me parecieron pintorescas, su aire suave, risneñn Pl ci elo y el mar arrojándose contra las rocas de aquella árida costa, imponente y magestuoso. Sentéme sobre la blanda arena de la playa y me dí á la contemplacion de ese vaiven eterno de las olas que se alzan, crecen, corren, se estrellan y desaparecen para levantarse de nuevo en sucesion infinita. Y, m~ decia-Hé ahí la vida! Nacer, crecer, agitarse, mo- rir ...... para resucitar . . .... Dónde?. . .. Misterio! Vagando así el espíritu y la mirada, el uno en los místi- cos espacios de la vida moral, la otra en el movimierlto tumultuoso del océano, ví surgir de repente allá en el confin lejano del horizonte y tras una roca aislada en medio de las aguas que semejaba el cabo postrero de algnn continente desconocido, una ciudad maravillosa con sus torres, s11s cúpu- las resplandecientes, el verde ramaje de sus jardines y sus murallas, cuyo doble recinto coloreaba á los rayos del sol poniente.
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