Veladas literarias de Lima: 1876-1877

RICARDO PALMA 235 -Hermanito! ¿Pasó el fraile? Ambos añadieron que no estando acostumbrados á hablar con gento de la otra vida, se olvidaron de la consigna y dfl dar el quien vive: porque la carne se les volvió de gallina, se les erizó el cabello, ge les atravesó la palabra en el gRlillo, y cayeron redondos como troncos. Don Ramon Rodil para curarlos de espanto, les mandó aplicar carrera de baquetas. El castellano del Real Felipe, que no tragaba ruedas de molino ni se asustaba con duendes ni demonios coronados, Jióse á cavilar en los fantasmas, y entre ceja y ceja se le encajó la idea de que aquello trascendía de á legua á embu- chado revolucionario. Y tal maña dióse y á tales espedientes recurrió que, ocho días clespues sacó en claro que fraile y monja no eran sino conspiradores de carne y hueso, que se valian del disfraz para acercarse á la muralla y entablar, por medio de una cuerda, cambio de cartas con los patriotas. Era la del alba, cuando Rodil en persona ponia bajo som- bra~ en la casa-mata del Castillo, una docena de sospechosos' y á la vez mandaba fusilar al fraile y á la monja, dándoles el hábito por mortaja. Aunque á contar de ese dia, no han vuelto fantasmas á peregrinar ó correr aventuras por las murallas del hoy casi destruido Real Felipe, no por eso el pueblo, dado siempre á lo sobrenatural y maravilloso, deja de creer á pié juntillas que el fraile y la monja vinieron al Callao en tren directo y desde el país de las calaveras, por solo el placer de dar un su to mayúsculo al par de tagarotes que hacian centinela en el baation del Castillo. ·

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx