Veladas literarias de Lima: 1876-1877

R1CARDO PALMA 225 ! mi antojo y ..•• vamos, aquello era un mamarracho digno de un soberbio varapalo. A guü~-51, pues, de protesta contra tal paternidad escribo esta tradicion, en la que, por lo menos, sabré guardar res- petos á los fueros de la historia, y la sombra de R~il no tendrá derecho para querellarse de calumnia y dar d.e so- plamocos á la mia, ·cuando ambas se den un tropezon en el valle de Josafa t. Basta de preámbulo, y al hecho!-exclamó el presidente de un tribunal, interrumpiendo ~t. nn abogado, que se an- daba con perfiles y rodeos, en un alegato sobre filiacion ó paternidad de un mamon. El letrado dijo entónces de corri- do :-El hecho es un muchacho hecho: el que lo ha hecho niega el hecho: hé aquí el hecho.- I Con la batalla de Ayacucho quedó afianzada la indepen- dencia de Snd América. Sin embargo, y como una moris- queta de la Providencia, España dominó por trece meses mas en una área de media legua cuadrada. La traicion del sargento Moyano, en Febrero de 1824, babia entregado á los realistas una plaza fuerte, y bien guarnecitla y municionada. El pabellon de Castilla flameaba en el Callao; y preciso es confesar que la obstinacion de Rodil, en defender este últi- mo baluarte de la monarquía, rayó en heróica temeridad. El historiador Torrente, que llama á Rodil el nuevo Leonidas, dice que hizo demasiado por su gloria de soldado. Steven- son y aun García Camba, convienen en que Rodil fué crnel hasta la barbarie, y que no necesitó mantener nn::\ resistencia tan desesperada para dejar su reputacion bien puesta y á salvo el honor de las armas españolas. Sin esperanzas de que llegasen en su socorro fuerzas de la península, ni de que en el país hubiese una reaccion en favor del sistema colonial, viendo á sus compañeros desapaM 15

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