Veladas literarias de Lima: 1876-1877
A BEL de la E. DELGADO 18~ social, se le ha dado, desde temprano, una instruccion exaje- rada, en que alternan indistintamente la religion con las ciencias exactas, la política con la moral y las artes con la filosofía y ,a historia, llenando así su cerebro de todos los grandes pensamientos que han hecho encanecer premat¡ra- mente á los sábios de todas las edades y de todos los tiempoR; y despues de haber marcado sn inteligencia con el sello de los diversos cuadros y panoramas que estas materias encier- ran, se le ha considerado bastante instruido para abando- narle á merced de un mundo desconocido, de una realidad que no ha tocado sino que ha visto, de lejos, como los fan- tasmas de un sueño. Pero ese sistema de educacion es del todo equivocado, como la razon y la esperiencia lo enseñan-Los principales elementos de toda educacion posible, son aquellos que se enseñan y la persona en quien la doctrina se encarna, debien- do existir -entre ambas, tal correspondencia y armonía que puedan unirse fácilmente y asimilarse. De lo contrario, es lo mismo que derramar la semilla, en las arenas de un calcinado desierto ó sobre un campo de nieve, en las regiones del polo. Si las facultades intelectuales del niño no pueden ser otra cosa que un débil rayo de luz, con que ha de conocerse á sí mismo, antes que al mundo que lo rodea ¿cómo exijírsele que abarque, por medio de ellas, y que comprenda los ocultos misterios ele la ciencia, resolviendo sus intrincados pro- blemas? Probado está que un trabajo anticipado, y por supuesto violento, destruye el organismo del individuo, matando en su primer desarrollo, los ricos gérmenes de la actividad vital; y no puedo comprender cómo es que esa misma regla no haya sido aplicada á la educacion intelectual de los niños, y que al contrario, se haya tratado de abrumar su inteligencia con tal cúmulo de teorías, y de conocimiEJnto de ideas, que no pueden menos que serun peso enorme que los oprime; produ-
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