Veladas literarias de Lima: 1876-1877
JUICIOS ele la PRENS .1 165 Mas de una vez hemos rendido homenaje á la hermosa voz de la señorita Ovalle y á la hábil ejecucion de la señora ele Raborg; sin embargo, supuesto que una vez mas las he- mos admirado, una vez mas es nuestro deber aplaudirlas. El señor Abel de la E. Delgado leyó en seguida dos mag- níficos sonetos «La Cocota~ de nuestro distinguido vate Cár- los A. Salaverry. Nuevamente ocupó el piano la señora de Raborg y la se- ñorita Cristina Bustamante cantó el aria del «Barbero de Sevillal>, siempre con gusto y arte, haciéndose aplaudir pcir cuantos la admiraban. Acisclo Villarán ocupó el asiento de lectura y dió principio á una tradicion titnladR «Lo que pesa el oro en Oropesal>. Muy feliz estuvo en su imitacion al maestro de las tradicio- nes, y con razon cada párrafo que leía era acompañado de un aplauso general. A fe que estuvo chistoso y satírico Acisclo y su tradicion le mereció felicitaciones muy sinceras. Amigo Villarán venga esa mano. Con voz simpática, llena de suavidad y melodía, la señora Elena Benavides ele Enriquez cantó al piano el delirio de la «Linda de Chamounix», que á. todos arrancó aplausos pro- longados. El inspirado Llana recitó en seguida un soneto de indis- putable mérito. La señorita Isabel Eléspnrn, con acompañamiento de piano por la señora de Raborg, cantó la «Serenata» de Cárlos Gou- nod, tan admirablemente, que los elogios se mnltiplicaron luego que hubo dejado .de cantar: preciosa voz la de la seño- rita Eléspuru. 1!, La fantástica escritora, la de la pluma maestra, señora Juana Manuela Gorriti, leyó en seguida uno de los intere- santes episodios de su notable ~obra Peregrinariones de una alma triste. Qué rica fantasía la de la autora de «Sueños y Realida-
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