Veladas literarias de Lima: 1876-1877

JUANA M. GORRITT 159 El baile estaba muy concnrrido, y l\fayobarnba magnífica- mente representado en mnltitud de jóvenes cuya belleza habría lu.l)ido en los mas elegantes salones. Su tocado mismo, azás estrambótico prestábalas una nueva gracia. En agradecimiento al amable obsequio del sub-prefecto, hube de aceptar su invitacion para bailar con él la primera cuadrilla, ejecutada por una arpa y dos violines. Componíanla los empleados de la sub-prefect11ra, y varias preciosas jóvenes, entre las que nna llamó mi atencion, no solo por su belleza, sinó por una estrema semejanza, con al- guien que yo no recordaba. -¿Quién es esta hermosa niña de la cabellera suelta y sembrada de rosas?-pr8gunté á la esposa del sub-prefecto. -Cómo! -respondió ésta -¿no reconoce vd. á Catalina? -Mi sirvienta !-exclamé, asombrada. -Oh, sí-replicó ella-Aquí nos hallamos muy lejos de los centros civifürnclos, para imponernos sus preocupaciones; y vivimos bajo un sistema de igualdad patriarcal, damos á nuestros criados su porcion en nuestros goces, como parte integrante de la familia. ¿Vé vd. aquellG. buena moza del vestido mordoré? Es nues- tra cocinera. H3. dejado en un remanso del rio los tisnes del fogon; y ~ngalanada con esa rama de madreselva que la per- fuma y embellece, entrégase al placer de la danza sin que nada en ella haga sospechar qne hoy se ha ocupado en freir ajos y cebollas. Encantada de aquella democrática costumbre, regresé á casa dando el brazo á Catalina. Mi corta morada entre los buenos habitantes de Moyo- bamba, hízome mncho bien. Tranquilizó mi espíritu, fortaleció mi alma y desterró de mi mente los negros pensamientos que me asediaban. Así, cuando llegué cerca de tí, me encontraste bella, fresca y enteramente distinta de aquella que partió moribunda,

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